21 de Julio, 2007


Una nueva chica en la oficina

Publicado en Historias el 21 de Julio, 2007, 1:02 por hestev

Una nueva chica en la oficina
Por ImP      

Traducción libre por Henry Stevens (Rol Rever)
El Jefe y la Secretaria: un gerente de oficina obtiene un trago de su propia medicina y más aún.


Ryan era un mandón y arrogante ejecutivo de empresa de 31 años, de cabellos rubios, que
se creía muy buen mozo. Él dirigía un pequeño departamento perteneciente a una gran
compañía. Esa sección estaba integrada sólo por mujeres, todas las cuales eran
seleccionadas por Ryan de acuerdo a su apariencia y belleza. Él, como su jefe, les dejaba
bien claro a todas que sus puestos dependían de que lo satisfacieran en todo lo que él
quisiera. Le gustaba humillar a las chicas y frecuentemente obligaba a alguna de ellas a
quedarse después de la hora de salida para terminar cualquier tarea pero entonces solía
encontrar alguna razón para criticar su trabajo. A continuación le ofrecía a ella la opción de
escoger entre ser castigada o ser despedida del empleo. El castigo del joven ejecutivo
consistía en ser desnudada, golpeada y culeada (follada) y Ryan tenía una especial
debilidad por el sexo anal. Las chicas estaban aterrorizadas por él pero ninguna se atrevía a
denunciarlo porque él era muy exitoso en su trabajo y muy apreciado por la Compañía.

Denise, una negra bella y alta, fuerte y atlética, fue reclutada un día por el departamento de
Ryan. Pronto fue advertida por las otras chicas de lo que le esperaba, pero ella no se
amilanó lo más mínimo y decidió darle una lección a su jefe, Ryan. Nunca sería abusada
por nadie, menos por un hombre. Ella había crecido en un medio donde se sobrevive
luchando, haciéndose respetar, jamás cediendo ante los otros. Después ella encontraría su
camino fuera de los tugurios (ghettos), enfrentando la discriminación racial en muchas
partes. No estaba dispuesta a ser el juguetico de nadie. Un día, cuando el jefe le dijo que se
quedara después de las 5 pm, ella ya sabía para qué la quería y se preparó para vengar a sus
compañeras de trabajo.

Ryan le había estado echando ojo toda la tarde. A él le encantaba la manera como ella se
vestía; un traje muy corto que le permitía exponer sus torneadas y musculosas piernas y
zapatillas abiertas de tacón fino que dejaban ver sus hermosos pies tocados por un exquisito
pedicure, con las uñas delicadamente pintadas de rojo intenso. Y parecía que sus redondos
y turgentes senos no requerían sostén alguno. "Oh, sí, él iba a gozársela poseyéndola". O al
menos eso creía él.

Ya era tarde cuando el jefe llamó a la secretaria Denise a su oficina y empezó a criticarla y
regañarla. Para su sorpresa ella no se mostraba cohibida ni asustada como les sucedía a las
otras chicas. Simplemente permanecía de pié mirándolo fijamente a los ojos. Apenas él
concluyó su perorata ella le espetó directamente lo que iba a hacerle.

"Muy bien, imbécil, ahora voy a azotarte. Tus días de abusar y violar a las chicas han
terminado. Ahora vas a saber lo que se siente.".

El jefe se quedó pasmado, atónito, ninguna de las niñas le había contestado jamás de esa
manera, ni siquiera algo que se pareciera a tal insolencia. Se acercó a ella enfurecido y le
soltó un bofetón pero Denise, con la rapidez del rayo, atrapó su brazo agarrándolo por la
muñeca. El forcejeó tratando de imponer su fuerza masculina pero ella lo tenía firmemente
sujeto con la mano derecha y poco a poco, con una sonrisa irónica en los labios y sin dejar
de mirarlo directo a los ojos, fue doblando su brazo hacia fuera haciendo evidente que ella
era más fuerte que él que la miraba aterrorizado. El jefe debió arrodillarse ante la secretaria
para evitar que le partiera el brazo.  La chica lo soltó y él se levantó enseguida,
retrocediendo mientras se sobaba el brazo adolorido.

Ella se sacó las zapatillas y luego dando un giro perfecto asestó una potente patada en la
mandíbula de Ryan, enviándolo con violencia contra su propio escritorio. El jefe quedó
mareado por el impacto, sus ojos estaban vidriosos. Antes de que pudiera recobrarse la
secretaria le aplicó a su jefe una nueva patada con el otro pié en la boca del estómago,
haciéndolo doblarse y chillar de dolor mientras sus pulmones luchaban por recuperar el
aliento.

La bella secretaria de color se alistó para rematarlo. El jefe trató de ponerse en pié pero
antes de lograrlo la hermosa y poderosa morena lo cazó con otra patada en las costillas que
lo mandó al suelo otra vez. Con toda calma la secretaria caminó alrededor de su jefe que
lloraba a lágrima viva, tendido en el piso, encogido de dolor. Él trató de arrastrarse en
cuatro patas, huyendo de su fiera secretaria, pero ella lo alcanzó facilmente y le propinó una
patada en el trasero digna de un futbolista estrella y luego otra patada en las bolas.

El jefe quedó tirado en el piso agarrándose los testículos, sus pensamientos eran confusos,
no cabía en su cabeza que era lo que estaba sucediendo. La fornida secretaria lo tomó por
las muñecas y lo arrastró sin que él pudiera evitarlo, su fortaleza de macho era impotente
ante la fuerza de la hembra negra. Denise lo soltó y le puso entonces el pié en los genitales,
oprimiendo sin compasión. Él gritó histérico y trató de cerrar las piernas pero era inútil. La
secretaria aplastó con gran fuerza los testículos de su jefe, parecía que fuera a destriparlos.
Ryan no pudo aguantar más y se desmayó.

Al rato el jefe despertó y se encontró con la cabeza prisionera entre los duros muslos de
ébano de su secretaria. Esas piernas musculosas, definidas y potentes que tanto lo habían
excitado ahora serían su perdición. Ella jugaba con él como el gato con el ratón. Denise
apretaba la cabeza de Ryan, sofocándolo, indiferente a la débil resistencia que él oponía.
Cuando veía que ya estaba al borde del desmayo, aflojaba la tenaza y le daba un breve
respiro, pero al cabo de un instante iniciaba un nuevo y asfixiante apretón. Así lo tuvo un
tiempo, que para él parecieron horas, como una anaconda o una boa constrictor con su débil
presa. La resistencia del jefe era cada vez menor hasta que practicamente quedó inmóvil,
inerme ante el poder de ella. Denise empujó a Ryan, quién quedó tirado bocarriba.
Entonces la bella e imponente secretaria se sentó a horcajadas sobre el pecho del jefe,
oprimiendo sus brazos con las rodillas, de tal modo que el joven rubio quedó totalmente
indefenso y dominado por la chica morena. Denise le propinó una seguidilla de puños en la
cara desprotegida y llorosa de su jefe. Luego lo cacheteó a su antojo mientras él lloraba, y
pedía perdón y clemencia. A veces ella giraba su esbelto y atlético torso y lo golpeaba
también el estómago, sacándole el aire. Lo único que el jefe podía hacer era llorar e
implorar piedad a su secretaria.

"Por favor, Denise, no me pegues más, por favor" –lloriqueaba Ryan- "me rindo, haré lo
que tu quieras pero por el amor de dios no me pegues más"  -gemía implorante y derrotado
el joven ejecutivo tragándose su orgullo masculino-.

A la larga Denise dejó de golpearlo, pero sólo cuando ella quiso y no porque creyera que su
jefecito ya había recibido lo suficiente, por el contrario su castigo apenas empezaba.

La musculosa chica se hizo a un lado del macho vencido y empezó a desnudarlo.  Primero
le quitó el cinturón, le bajó el zipper y metiendo las manos en su pantalón lo agarró por los
huevos.
 
"Bien, ahora quítate lentamente la corbata y la camisa; y recuerda por dónde te tengo
cogido". Su orden fue fría y cortante como una navaja. Ryan se sentía completamente
aterrorizado por esta chica tan bonita como implacable. Sus manos temblaban
incontrolablemente y a duras penas podía desabotonarse la camisa.

"¿Qué...  qué vas a hacer conmigo? -preguntó entre sollozos el patético jefe a su secretaria
dominante.

Denise se puso de pié y lo miró desde lo alto. Ryan miró hacia arriba con temor y
reverencia. ¡Ella se veía enorme, gigantesca, y más linda que nunca!

El hombre estalló en pánico, estaba más aterrorizado que lo que jamás había estado en su
vida. Él sabía que iba a pagar por su maltrato y abusos a las otras chicas de la oficina. Lo
sabía incluso sin que Denise se lo dijera.

"Coloca tus brazos a tu lado, sobre el piso"    -Él obedeció presuroso la orden de ella.

La linda secretaria se dedicó entonces a pisar y patear los brazos de su jefecillo hasta
dejárselos inútiles sin importarle que él chillara y llorara a moco tendido.

"¡Qué patético debilucho! Ni pienses que ya terminé contigo, ¡ni siquiera he empezado!".

Denise le sacó la camisa y lo rodó sobre su estómago, le puso una rodilla en el trasero con
todo su peso, luego lo cogió por las muñecas y retorció sus brazos contra la espalda. Él
pataleaba y lloraba como un niño pero nada podía hacer para impedir que ella hiciera con él
lo que le diera la gana. De inmediato ella procedió a amarrar los brazos de Ryan, uno contra
otro sobre su espalda. 

Había sido vencido facilmente por esta espectacular amazona negra y ahora estaba
completamente a su merced. Y merced era lo que ella poco tenía para semejante
aprovechado, cobarde abusador y violador de mujeres.

"¡De rodillas! ¡Y mantén la cabeza baja, siempre mirando al piso!" –resonó la imperiosa
voz femenina

Él obedeció lloroso, humillado. La musculosa y forzuda muchacha le bajó hasta la rodilla
los pantalones y calzones al rubio ejecutivo y luego, tras quitarle zapatos y calcetines, lo
desnudó completamente. Él no ofrecía resistencia alguna, estaba totalmente rendido ante
ella.

Denise retrocedió un par de pasos y miró hacia abajo a Ryan, arrodillado en el piso,
desnudo, tembloroso y sollozante, con la frente apoyada en la alfombra.

"Bien, gusano, ahora vas a probar un trago de tu propia medicina y te lo voy a dar en
sobredosis, me aseguraré que nunca vuelvas a abusar de una mujer; de hecho, después de
esta noche, seremos nosotras las mujeres, quienes vamos a abusar de ti, vas a aprender
quién es el jefe aquí, las secretarias serán tus jefes ¿entiendes, imbécil?

Ryan permanecía en silencio, así que Denise repitió la pregunta dándole un puntapié en las
costillas.  "¿Entiendes, machito estúpido? El jefe ejecutivo asintió debilmente. Ella lo tomó
por los cabellos y le enseñó: "¡debes decir 'Sí, mi ama', gusano!"

"Sí, mi Ama, será como tu digas" –aceptó temeroso el hombre

La secretaria le puso un pié bajo su cara humildemente inclinada.

"¡Bésalo!, ¡besa mi pié!"  ordenó la mujer. El hombre obedeció enseguida, besando,
lamiendo y chupando los dedos de los elegantes y peligrosos pies de Denise. La secretaria
lo detuvo abruptamente con una corta patada. La chica tomó el cinturón de Ryan y azotó la
mesa, produciendo un estallido como si fuera un látigo. El joven rubio se estremeció, un
escalofrío de miedo recorrió su espinazo.

"¿Sabes lo que sigue a continuación, no es cierto? ¡Tu trasero va a recibir su merecido!"

"Oh No, por favor, no me castigues".  Denise ignoró las imploraciones de Ryan, pues ella
sabía que él se lo había buscado. El jefe seguía en cuatro, la frente en el piso y el culo en el
aire plenamente expuesto y vulnerable. La secretaria soltó el primer correazo sobre las
blancas y blandas nalgas del joven ejecutivo, quién lanzó un gritito desgarrador, casi
femenino. Denise se relamió los labios y sonrió complacida. No había nadie en la oficina
que pudiera oir los chillidos del jefecillo.  Iba a ser un gran placer para ella como hembra
hacer llorar al machito, verlo aullar e implorar vencido e impotente ante ella. El cinturón
cayó otra vez con violencia sobre las rosadas nalgas de Ryan que empezaban a tornarse
cada vez más rojas. La secretaria fustigó al jefe en el trasero con su propio cinturón. El
hombre gemía y lloraba ante los fuertes golpes que le propinaba la mujer. A cada fuetazo él
pedía perdón pero ella se mostraba inconmovible e implacablemente continuaba
golpeándolo en el culo. Denise no recordaba haber gozado tanto dándole una tunda a
alguien. Las nalgas de Ryan estaban ya al rojo vivo de la golpiza que estaba recibiendo de
la imponente chica negra. Ya ni siquiera gritaba, apenas sollozaba al borde del colapso
total.

"¡Párate y dóblate sobre el escritorio!"  -ordenó ella de pronto, deteniendo los azotes. Las
piernas del hombre a duras penas podían sostenerlo, temblaba cual gelatina y la hermosa
negra debió tomarlo por las axilas y conducirlo hasta el escritorio, empujándolo sobre él.
Ahora el jefe estaba tendido sobre su escritorio del lado contrario a la silla. Doblado por la
cintura, los brazos atados en su espalda, con los pies apoyados en el piso y el trasero en el
aire, el pecho y el estómago de Ryan ocupaban la superficie de trabajo y la cabeza le
quedaba en el aire, encima de la silla. Denise dio la vuelta lentamente alrededor del
escritorio, apartó la silla y se plantó frente a él.

"¡Mírame!" –ordenó.  "No es esto lo que tanto querías ver?"  Y para asombro de Ryan la
escultural y atlética morena se desnudó ante él sin poder contener una irónica sonrisa en sus
labios rojos y carnosos. El joven gerente no podía creer lo que veía. El soberbio cuerpo de
la secretaria era como una maravillosa escultura de ébano que irradiaba poder por todos los
poros, con duros músculos abultados y bien definidos que revelaban años de entrenamiento
en el gimnasio y espectaculares curvas que realzaban la feminidad de su increíble figura. Ni
una gota de grasa se insinuaba en ese brillante cuerpo de pantera.

"Esto es lo deseabas, ¿cierto?  Bueno, ahora vas a tenerlo. Oh, sí, ¡seguro que vas a
tenerlo!"  -Denise caminó detrás de Ryan y sacó algo de su maletín.

"Mira lo que tengo para ti" -añadió Denise entre risas.  Ryan había creído que el asunto no
se podía poner peor de lo que ya estaba, pero ahora entendía que se había equivocado. La
secretaria le estaba mostrando al jefe un gigantesco dildo con arneses que ella
inmediatamente procedió a ajustarse a su sensual cadera de mujer perfecta.

"A ti te gusta el sexo anal, ¿verdad?  ¡Ahora vas a saber lo que se siente!"  La secretaria se
plantó delante del jefe, él trató de levantarse pero ella lo tomó por la cabeza con las dos
manos y presionando con fuerza venció la inútil resistencia de sus labios apretados y le
introdujo el pene de látex en la boca al humillado hombre.

Las lágrimas se escurrían a torrentes desde los desorbitados ojos de Ryan mientras mamaba
la verga artificial de la dominante chica de color.

"¡Chupa, cabrón, mámamela bien como la putica que eres! Ja, ja, además tu saliva será el
único lubricante que usaré contigo". Y la sonriente secretaria le empujaba todo el
gigantesco falo hasta la garganta profunda del lloriqueante jefecillo y luego se lo sacaba
casi totalmente, y así una y otra vez en rítmicos caderazos. La mujer negra gozaba con la
humillación que le inflingía al hombre blanco demostrándole que ella era inmensamente
superior a él, mucho más fuerte y poderosa de lo que el joven ejecutivo jamás podría llegar
a ser.

Minutos después la fornida muchacha extrajo por fin el húmedo dildo de la boca del
impotente ejecutivo. Enseguida dio la vuelta al escritorio y se colocó detrás de ese gimiente
representante del sexo masculino, acariciando sus nalgas blandas todavía enrojecidas por
los azotes que ella le había propinado. La secretaria le dio una potente palmada en el trasero
al jefe que resonó como un estallido en la silenciosa y vacía oficina. Nada podía hacer el
hombre para evitar la inminente violación de su culo por esa decidida mujer. Ella se chupó
el dedo índice de la mano derecha y luego abrió las nalgas del joven ejecutivo, pasó
suavemente el dedo ensalivado por el indefenso ano masculino y sonrió al ver como el
esfínter palpitaba ansioso. Al otro lado de ese orificio –pensó la chica- está el recto virgen
de un hombre y ella sería la primera en penetrar ese territorio y conquistar las entrañas
masculinas sometiéndolas al poder femenino. Sintió un placer intenso, una sensación de
poder que la llenaba toda al tener a ese hombre, ese bicho humano, a su absoluta merced.

Con una leve presión Denise penetró el abierto culo de Ryan con su grácil dedo femenino y
hurgó en su interior invadiendo el recto del macho. Con hábiles movimientos circulares la
chica fue dilatando el esfínter de Ryan, aflojando su ya débil resistencia y expandiéndolo
poco a poco, preparándolo para la definitiva penetración.

La atlética negra se arrecostó sobre el fofo joven blanco, apretando los senos contra su
espalda y brazos atados y le susurró al oído con una voz tan sensual que produjo un
escalofrío en el cuerpo masculino: "Siénteme dentro de ti, Ryan, siente como te penetro,
siente como mi cuerpo entra en el tuyo"  Y el dedo victorioso de la chica entraba y salía del
culo del chico.  ¡Luego fueron dos, luego tres dedos!   Denise fue anchando la entrada
trasera de Ryan y cuando lo tuvo listo extrajo sus delicados dedos del intestino masculino.

Dirigiendo el dildo con su propia mano, la chica colocó la punta bulbosa del artefacto, tan
realista que parecía un pene verdadero, en el arrugado ojete que se asomaba entre las
abiertas nalgas del hombre. Lentamente la poderosa mujer fue empujando sus caderas
contra las nalgas del tipo, el pene femenino facilmente venció la oposición del esfínter anal
del joven mancebo y fue penetrando el recto de quien fuera el flamante jefe de esa oficina.
Ryan gritaba de dolor y miedo, su cuerpo se cimbraba con cada caderazo de Denise que lo
penetraba hasta el fondo mientras lo sujetaba por la cintura.

Él creía que saldría lastimado seriamente por la implacable mujer negra pero ella sabía lo
que hacía. Denise quería humillar a Ryan, hacerlo sufrir y enseñarle una lección pero sin
causarle heridas mayores con consecuencias médicas o legales.

Con ritmo cada vez  más rápido la hembra victoriosa le daba por el culo al macho vencido,
lo bombeaba a su placer. Denise metió la mano por debajo del cuerpo de Ryan y encontró
su pene aplastado por el peso de ambos contra el escritorio gerencial. Ella notó con
satisfacción que lejos de estar flácido el pene de Ryan iba incrementando su tamaño,
alcanzando la erección. El jefe ya no lloriqueaba, ni imploraba a la secretaria que dejara de
culearlo, ahora él tenía los ojos entrecerrados mientras gruñía, jadeaba y dejaba escapar
involuntarios gemidos de placer a tono con el ritmo que la chica le imponía a las caderas de
ambos.

"Estás gozando, ¿no es cierto?. No puedes ocultarlo pues tu pipicito te delata, ¡reconoce
que te encanta ser culeado por una chica negra!"

Denise extrajo el strapon dildo y le ordenó:

"¡Voltéate! ¡Échate bocarriba sobre el escritorio, quiero que me mires a los ojos mientras te
doy por el culo! ¡Quiero que mires a la mujer que te humilla, la mujer que te va a dar las
órdenes de ahora en adelante, la mujer que te enseñó la superioridad femenina!"  -Ella le
soltó las ataduras de los brazos, sabía que él no sería capaz de resistirse a ella ni física ni
mentalmente, sabía que él ya le pertenecía, que ella era su dueña y lo poseía completamente
dominado.

Con increíble fuerza la poderosa negra alzó al hombre sin reflejar mayor esfuerzo y lo sentó
sobre el borde del escritorio; la secretaria lo empujó hacia atrás y el jefe cayó de espaldas
sobre la superficie de la mesa con las piernas levantadas y el trasero en el borde del mueble.
La chica lo agarró por los tobillos, abriendo sus piernas hasta casi espernancarlo, dejando
expuesto y vulnerable su ano desvirgado. Nuevamente la mujer penetró al hombre con gran
facilidad y estilo, poseyendo sus entrañas.

Ryan estaba acostado con las piernas en alto y miraba a su dueña con miedo y deseo. La
hermosa negra sujetó al joven por la cadera, las piernas del chico se apoyaron sobre los
fuertes hombros de ella. La mujer estaba totalmente en control del hombre, dominándolo
completamente. Él no podía escapar al poder de ella, ni quería, al contrario, la deseaba más
que nunca y ansiaba ser poseído por ella para siempre, inevitablemente llevándolo hasta las
cumbres del orgasmo.

Y eso fue precisamente lo que Denise hizo. Apoderándose del pene erecto del muchacho,
mientras lo penetraba una y otra vez. Ella lo llevaba hasta el borde del orgasmo y luego se
detenía. Repitió esta táctica varias veces hasta ver en los ojos del hombre esa mirada de
absoluta devoción que indicaba su entrega total a ella, esa mirada que decía de manera
patente que él era su esclavo. Ese era el orden correcto de las cosas, el hombre esclavo de la
mujer, la hembra dueña y dominadora del macho.

"Mírame a los ojos mientras te penetro y te hago eyacular, ¡mírame a los ojos esclavo!"

Denise le daba por el culo a Ryan con frenética violencia y simultaneamente lo ordeñaba
hasta que el hombre eyaculó un torrente de esperma que cayó sobre su cara, sus labios y
hasta dentro de su boca. Fue tan poderoso que quedó mareado e inmóvil después de los
espasmos finales. Denise lo empujó al piso. Él sólo yacía allí, observándola embelsado.

Denise se quitó el strapon dildo y se plantó ante él, esplendorosamente desnuda,
exhibiendo su esbelto cuerpo de pura fibra muscular. La pantera negra lo miró desde lo
alto, triunfante y orgullosa. Sonriendo la hembra morena realizó una fotogénica pose de
doble biceps. Sus brazos parecían imponentes cordilleras pues los músculos, duros como
piedras, se elevaban como montañas. Los senos parados y redondos como melones parecían
volcanes a punto de estallar con fuerza telúrica. El vientre plano de abdominales
perfectamente recortados era coronado por un precioso ombligo. La peluda y abultada
vulva era como una selva en lo alto del monte de Venus. Los muslos y pantorrillas eran tan
grandes y musculosos que bien podrían ser la envidia de cualquier fisicoculturista
masculino.

Entonces ella se sentó en el escritorio y doblando hacia arriba una pierna apoyó el pié en el
borde del escritorio.

"¡Arrodillate frente a mi!" – le ordenó- "¡Debes rendirme pleitesía!

Así lo hizo Ryan, se arrodilló ante su diosa de ébano, pero no podía apartar la vista del
selvático púbis de la chica, ese oscuro objeto del deseo. La cara del jefe estaba a pocos
centímetros de la vulva de la secretaria, sutilmente se acercó aún más, deseaba hundir su
rostro en esa profunda vagina tan cercana y al mismo tiempo inalcanzable. Sin embargo, la
mujer no tenía esa intención y cogiendo la cabeza del hombre con sus fuertes manos la
atrajo hacia su pie.

"Ábrete! ¡abre la boca! –ordenó imperiosa al sorprendido sujeto. Ella le metió el pie en la
boca, se lo empujaba y se lo sacaba, como si estuviera follándoselo con el pie. Y con el otro
pie la potente negra estimulaba los genitales de Ryan hasta llevarlo a una nueva erección
independiente de la voluntad del hombre.

"¡Al suelo otra vez!" –gritó la chica como si fuera un sargento.

Denise tomó el pequeño pene de Ryan entre sus pies y lo masturbó. Ryan estaba totalmente
conquistado, su voluntad se sometía al poder de la bella chica que lo había vencido física y
mentalmente. El hombre perdió una vez más el control de sí mismo eyaculando
profusamente.

Ryan se vió obligado a permanecer toda la noche en la oficina, sirviendo a Denise en todo
lo que ella quiso, obedeciendo sus órdenes como un perro mientras ella abusaba de él en
todos los sentidos.

Finalmente la linda y poderosa secretaria se vistió alistándose para irse. Se detuvo ante la
patética figura encogida a sus pies. Lo miró desde arriba con una sonrisa desdeñosa,
humillativa. Golpeado, destruído, desmoralizado, Ryan había quedado convertido en un
despojo humano. Parecía increíble que incluso la más tímida de las chicas pudiese haber
sido asustada por este tipo alguna vez. Bueno, ya nunca más sucedería.

"De ahora en adelante, Ryan, tu harás lo que yo te mande o lo que te ordene cualquiera de
las otras secretarias. Ya sabes de lo que soy capaz".

Ryan no necesitaba que se lo recordaran, pero la tremenda patada que le imprimió la
secretaria en sus testículos a manera de despedida quedaría sembrada en su memoria y en
su espíritu.

En los siguientes días el jefe fue recibiendo durante las noches el mismo tratamiento por
parte de cada una de las secretarias del Departamento. El hombre no tenía alternativa pues
ahora las mujeres tenían el látigo en la mano. El flamante ejecutivo comprendió que a partir
de entonces él sería el juguete sexual de las mujeres. Bueno, en el mundo actual esto ya no
es nada extraño pues cada vez más los hombres se ven convertidos en el objeto sexual del
género femenino, al fin y al cabo ellas son el sexo fuerte.

The End


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